problema de venezuela

Por: Juan Manuel Ramírez Pérez
Miembro correspondiente de la Academia Colombiana de Historia Policial

Uno de los propósitos mas reiterados de los  dirigentes  en  la  frontera,  durante largos  años,  consistió  en  fortalecer  la integración  colombo-venezolana  que, naturalmente,  era  una  preocupación local  porque  los  gobiernos  centrales casi  siempre  han  sido  indiferentes  a esas inquietudes.

La  Comisión  Binacional  de  Asuntos  Fronterizos,  presidida  por  prestantes  personalidades  de los dos países, debatía permanentemente los asuntos  comunes;  se celebraban  frecuentes  reuniones de la Asamblea regional fronteriza; las cámaras de comercio, de los dos lados de la frontera, estaban en constante comunicación y, en fin, las universidades, las autoridades regionales, los comerciantes y los ciudadanos del común, actuaban como si se tratara de un solo país, aún en medio de las dificultades generadas por eventos ocasionales.

Pero, de un momento a otro, todo cambió y los instrumentos de la política binacional fueron cayendo en desuso. Hoy, lamentablemente, todo eso parece un fantasma del pasado.
Y lo que era impensable hace unos años está ocurriendo en la actualidad, sin remedio: la frontera cerrada de manera indefinida; los colombianos  son  maltratados  sin  protesta;  cientos  de  empresas de frontera quebradas, y numerosas familias de  colombianos  y  venezolanos  desintegradas  por causa de la incomunicación.

Las  libertadas  y  reivindicaciones  sociales  que ofreció el socialismo del siglo XXI, terminaron en: una inaceptable persecución política, una mordaza a los medios de comunicación, una corrupción oficial    desenfrenada  y  un  empobrecimiento  general ocultado con discursos patrioteros y costosa propaganda.

Y, frente a todo esto, el gobierno colombiano sigue  sordo,  mudo  y  ciego,  como  en  la  canción de Shakira. Es increíble que el país más cercano a Venezuela, el país “hermano”, el país con los mismos libertadores, con los mismos colores que ideó Miranda para la bandera, con la inmensa frontera común, con idioma, religión y raza iguales, no exprese una palabra de apoyo al pueblo sojuzgado.

Es insólito que  funcionarios de Estados Unidos,  Uruguay,  España,  Paraguay,  entre  otros,  se pronuncien  en  contra  de  las  arbitrariedades  del gobierno  “chavista”  de  Maduro,  y  en  Colombia no se diga ni una frase condenatoria por los atropellos a los opositores, la violación del derecho internacional, los vejámenes a los colombianos más
humildes y las agresiones contra la prensa libre.

Mientras  en  Colombia  se  pregona  que  nos estamos acercando a la paz, se soslaya que el gobierno  de  un  país  que  ha  recibido  con  disgusto a millones de colombianos para que mejoren sus condiciones  de  vida,  vulnere  de  manera  tan  flagrante los principios de la convivencia y viole los derechos de ciudadanos venezolanos y colombianos.

Es un  precio muy alto el que se paga para que la inefable revolución bolivariana siga respaldando a las FARC y propicie la “invasión masiva de mujeres venezolanas”.

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